Para Un Momento Como Este

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Editora Invitada: Kacie Comisford – Líder de Mujeres del Ministerio Universitario en Portland
“Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como éste!” Ester 4:14

Creciendo en una pequeña ciudad en Ohio, yo tenía la creencia de que personas comunes podían hacer cosas grandiosas. Pase mi infancia soñando con impactar el mundo. Siempre soné en grande y entendía que nada era imposible.

En Septiembre del 2000, tome una decisión que cambiaria mi vida para siempre. Me mude a la ciudad de Nueva York para seguir mi sueño de ser una actriz. Pero no entendía en ese momento que Dios tenía planes mas grandes para mi. Llegue a Nueva York lista para tomar el mundo en mis manos. Inmediatamente empecé a tomar clases vocales, clases de baile y actuación. Mientras trabajaba medio tiempo como una mesera y asistía a la escuela tiempo completo. Después de vivir en Nueva York por solo semanas, el brillo y las luces empezaron a extinguirse. El mundo parecía ser mucho mas frío y duro de lo que yo recordaba en mis sueños. Dentro de mi yo sabia que había mas en la vida que fama y belleza. Yo sabia que tenia que haber un propósito mas grande para la vida que agradarme a misma y buscar la mejor forma de lucir para agradar a la gente. Empecé a orar y buscar respuestas. En Octubre del mismo año un discípulo llamado Kent McKean me invito a la iglesia. Poco después la hermana de Kent, Summer, empezó a estudiar la Biblia conmigo y me enseñó lo que había estado buscando toda mi vida, un verdadero propósito y esperanza. Después de estudiar la Biblia me di cuenta de que por lo único que valía la pena vivir es para Dios. ¡Fui bautizada en la tina de Summer en Diciembre del 2000!

Después de mi bautismo mi idealismo regreso. Yo creía que Dios podía hacer cualquier cosa por medio de mí. Las posibilidades no tenían límites. Mi nuevo sueño era de ayudar a evangelizar todas las universidades alrededor del mundo al entrenarme a ser una Líder de Ministerio de Mujeres. Pero después de pocos años de ser Cristiana, mucho pasó en la iglesia a mi alrededor. Personas empezaron a irse, líderes empezaron a renunciar, y la rudeza se convirtió en algo normal. En vez de compartir nuestra fe con otros, estábamos peleándonos el uno con el otro. La misión empezó a extinguirse y muchos de nosotros quedamos solo tratando de mantenernos “vivos”. Mientras veía la fe de muchos derrumbarse a mi alrededor, mi fe también empezó a deteriorarse. Se parecía a como me sentía cuando me había recién mudado a la ciudad de Nueva York, mi vida como Cristiana parecía volverse fría y dura y mi sueños espirituales empezaron a derrumbarse. Yo me sentía confundida acerca de la misión y muchas doctrinas básicas. No estaba segura si podía ayudar a nadie a estudiar la Biblia, mucho menos ayudar a dirigir un ministerio universitario. Me sentía sola y con miedo. ¡Durante este tiempo, leí el libro de Ester y me inspiró que aún como una discípula ordinaria, Dios podía usarme en una forma extraordinaria!

La reina Ester fue una mujer no muy diferente que ninguno de nosotros. Ella creció en una situación lejos de “ideal” al perder sus dos padres. Su primo Mardoqueo la crió y la guió durante su juventud. Por medio de una serie de circunstancias (¡y el haber ganado un concurso de belleza!), Dios usó esta joven común hasta convertirla en la Reina del Imperio Persia! Siguiendo el consejo de Mardoqueo, Ester mantuvo su nacionalidad Judía en secreto. Ella y Mardoqueo se mantuvieron cerca, mientras su primo servía en las puertas del Rey. En un punto, Mardoqueo se rehusó a doblar sus rodillas ante Amán, quien era un hombre de alta nobleza en el reinado del rey Jerjes. Debido a las acciones de Mardoqueo, Amán convenció al rey para enviar órdenes para asesinar a Mardoqueo y todos sus hombres judíos. Cuando Mardoqueo escuchó esto, reportó estas terribles noticias a Ester. Esta joven, aproximadamente con la edad de una “universitaria”, se enfrentaba a decisiones de vida o muerte. Ella sabía que si iba al Rey ciertamente moriría. Fue entonces cuando Mardoqueo le envía estas palabras de sabiduría, “Si ahora te quedas absolutamente callada, de otra parte vendrán el alivio y la liberación para los judíos, pero tú y la familia de tu padre perecerán. ¡Quién sabe si no has llegado al trono precisamente para un momento como éste!” (Ester 4:14) En ese momento Ester sabía lo que debía hacer. Ella llamó al ayuno por tres días para todos los judíos y una ves terminado, ella fue a pedir la liberación de su gente. Su petición fue aceptada, Amán fue sentenciado a muerte y los judíos celebraron. Esto no fue todo, ¡un numero de personas de otras religiones fueron convertidas al judaísmo! (Ester 8:17)

Aunque dudosa al principio, El corazón de Ester listo para enfrentar cualquier situación es algo como mujeres jóvenes debemos imitar. Así como Ester, muchos de nosotros no venimos de un nacimiento noble. Ahora, como discípulos, Dios nos llama a ser un “linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo que pertenece a Dios…” No importa si eres una líder del ministerio de mujeres, una líder de charla, una joven cristiana, un ujier, un líder de canciones, Dios tiene un plan para usarte. Aunque estés en una iglesia fuerte o débil, Dios quiere usarte. Sin importar tus circunstancias, ¡Dios quiere usarte!

Como mujeres, debemos entender que nuestro llamado al discipulado es mayor que nuestra vida. Cuando Ester entendió que lo que estaba apunto de hacer podría costarle la vida, con valentía dijo, “me presentaré ante el rey, por más que vaya en contra de la ley. ¡Y si perezco, que perezca!” (Ester 4:16) Dios nos ha dado una gran responsabilidad. Como su nación santa estamos llamados a arriesgar nuestras vidas el uno por el otro, amar el Reino de Dios más que nuestras vidas y a constantemente crecer en nuestra fe. ¡Si no lo hacemos, quizás alguien mas pueda o no hacerlo! Pero así como Mardoqueo animó a Ester, nosotros debemos animarnos unos a otros. Si no nos levantamos ahora, ¿que pasará con nuestra generación? ¿Nuestras Familia? ¿Nuestras vidas? No debemos llorar al igual que Ester lo hizo, “Porque ¿cómo podría yo ver la calamidad que se cierne sobre mi pueblo? ¿Cómo podría ver impasible el exterminio de mi gente?” (Ester 8:6)

Hermanas universitarias, cuando fuimos bautizadas entregamos nuestras vidas por algo mejor. Hay muchos hombres y mujeres que necesitan ser salvados. Nada debe ser más importante. Dios quiere usarnos. Dios quiere que creamos de que fuimos llamados a una posición real en su reinado “para un momento como éste.” Es hora de levantarnos en nuestras universidades y dejar que Dios construya ministerios mas allá de lo que cualquiera de nosotros ha visto en el pasado. Debemos entender y vivir el llamado radical de Jesús. Imitemos la fe y la fuerza de una mujer común y corriente que escogió usar lo que Dios le había dado para salvar vidas de muchos.

Kacie Comisford
Líder del Ministerio de Universitarios de Portland

Originalemente publicado en UpsideDown21.org